El Calvario es el caserío donde la cuesta se torna más dura, y el suplicio es real, a su paso recordamos que se trataba solamente de una etapa de preparación para la semana santa y no podemos dejar de pensar en el tenaz sufrimiento infringido por los romanos a aquél hombre que solamente predicó el amor por el prójimo, insistiendo en que todos somos hermanos.
Tal vez, el recordar esa visión de vida, nos retrasó en la publicación de esta crónica; porque la intención de esta editorial no ha sido nunca, y espera que jamás sea ofender a alguien, y como nos lo enseñara ese famoso judío que fue crucificado por el temor de las élites eclesiásticas de su época a perder su infausto poder, debemos compartir y no competir.
Nos referimos a la deprimente atmósfera que se ha tomado el programa de semana santa en el seno del grupo Marielo’, ya somos varios los que hemos puesto en duda nuestra participación en el sagrado paseo de la semana mayor, y uno de los motivos es que no deseamos competir, menos aun cuando se trata de una tradicional salida que después de muchos años, nunca ha sido más que un reto personal y una satisfacción grupal.
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Disfrute pleno, sin perdedores... |
Pareciera ser que quienes han vivido pocas de esas experiencias con el lote Marielo’ y tal vez por ello no entienden la filosofía de este viaje, tienen tan elevado poder de convicción, que han arrastrado a algunos de los más tradicionales y comprometidos concurrentes hacia la pesadumbre de la rivalidad, de la disputa, de la carrera, de la pugna…
Es vital, es fabuloso hacer conjeturas en nuestro bello deporte, es también entendible que nos retemos mutuamente y personalmente a superar a nuestros compañeros en el itinerario escogido, eso ha sido la constante en los ya más de 6 salidas de semana santa y las otras muchas a distintos destinos realizadas en dos o tres días; pero nunca ha sido realmente importante el orden de llegada al destino de cada etapa, nunca ha sido lo primordial, como parece serlo ahora.
Esta es tan solo una opinión, pero como hemos reconocido ante todos los integrantes de este colectivo que han querido escucharnos, somos los primeros en defender al grupo y estamos dispuestos a sacrificar lo personal en aras del entendimiento y el compartir con quienes nos volvieron amantes del ciclismo hasta donde se nos quiera aceptar; primero que nada porque antes que ser ciclistas, somos Marielo’s, y es para nosotros un verdadero orgullo.

La invitación entonces, es a que desarmemos nuestros corazones y nuestra mente, y sigamos los sabios concejos de nuestro dilecto pájaro d’oro que insiste cada vez que sus piernas no dan más: “bobos, creen que es una carrera… que van a saber!”; y retomemos la filosofía inicial de nuestras excursiones, osea a divertirnos y compartir.
Las reflexiones nos devuelven al Calvario, y recordamos que falta aún un largo camino a casa, sin embargo el reunirnos con el lote después de su prolongada detención esperándonos, nos devuelve las energías para continuar la ruta; el recorrido después de superar el alto, es un sube y baja suave que conduce al municipio cafetero de Fredonia, allí un segundo avituallamiento nos permitirá seguir en terreno ascendente hasta las inmediaciones del valle de Aburrá, por la vertiente sur.